
Y de nuevo me senti libre.
Caminar y caminar sin un destino fijo, caminar bajo la lluvia que limpia los pensamientos y aclara la mente, devuelve la cordura y hace que tomemos control y conciencia de los momentos vividos. Y me senti sola... pero feliz. Si es cierto, tal vez hubiera sido maravilloso tener alguien con quien saltar entre los charcos y la gente, sin embargo, me hacia falta charlar conmigo, pensar en beberme el mar de un trago y comerme al mundo de una mordida, sentir las miradas de la gente extrañada por mi tranquilidad al caminar y el grado de agua que mi cuerpo desprendia... sentirme yo de nuevo.




