Apareció en la puerta una mañana de sábado, con un catálogo a colores vendiendo la relación perfecta, el hombre ideal, la odisea interminable de caminar sin ver, tras una venda de ilusión, esperanza y supuesto cariño. Vendía aquella certeza de haber encontrado al indicado, para quererlo, para dejarte querer, para besarlo, para amar y ser amado, sin condiciones y ataduras.
- Sin condiciones?, sin ataduras?- Le pregunte al hombre, que mientras hablaba iba perdiendo el brillo con el que lo descubri cuando abri la puerta.
- Bueno, solo las de costumbre, nada extraordinario, nada que no se pueda hacer por amor.- Dijo mientras se secaba el sudor con un pañuelo.
Ya me parecía demasiado bueno para ser cierto. Y mientras le daba evasivas para cerrar la puerta y a él se le hacia la voz desesperada y se le iba la vida recitandome los paquetes y descuentos disponibles, recordé que ya lo había visto antes, bueno no exactamente a él, alguien similar ya me había ido a visitar hace varios años, un par de veces, y, al menos una vez, caí presa de los trucos del amor o mas bien de la publicidad y los descuentos.
Entonces me quede pensando, lo compadecí por vender metiras que a él le dieron por verdades, y que se esforzaba tanto por dar a los demás pensando que esa era su felicidad.
Tal vez para algunos si es su felicidad, pero, si eso no es la felicidad para mi, o al menos no una relación factible, ¿qué lo es? ¿realmente no es factible?
Si, es cierto, no me gusta atarme a nadie, ni dar explicaciones, pero a veces el sentimiento de pertenencia, así sea de un pedacito de la vida de alguien a quien amas, aunque sea del tamaño de una uña, da mucho más que 350 llamadas al día, o la supuesta exclusividad que te da una palabra como esposo o novio o pareja. A veces saber que hay un pedacito que solo es mio y de nadie más, que nadie lo puede transgredir, ni modificar, ni romper, es mucho más que tener un marido que me diga que me ama, pero que se acuesta con su secretaria, y que no me invita por que no es politicamente correcto que me entere y socialmente mal visto que participe.
Y a veces (muchas, tengo que confesarlo), pienso en lo que me gustaría, en las tardes de peliculas, botana y abrazos, en querer que me amen y que me lo digan, en saber que están conmigo, no importando si se acuestan con otras mujeres, si salen con otras personas o si le gustan otras chicas además de mi (cosas que son totalmente normales, pero preferimos no verlo así), pero que al final del día mi cuerpo tenga un cuerpo en donde enrroscarse y saber que de una manera poco ortodoxa, esta realmente conmigo, me da un lugar en su vida, y con las personas con las que día, a día convive, como yo le doy cavida en la mía y con los míos. Que lo puedo abrazar y besar enfrete de quien sea, sin problemas, sin conflictos, sin ataduras, que de verdad está conmigo, aún cuando nadie más lo vea así.

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